
Alias “Mickey Mouse” había construido un reinado del terror, manejando sus negocios ilícitos a través de métodos brutales como la extorsión, los cupos, los secuestros y el sicariato. Su modus operandi, según el coronel Víctor Revoredo, incluía la utilización de jóvenes extranjeros a quienes reclutaba para llevar a cabo ataques violentos contra aquellos comerciantes que se negaban a ceder ante sus exigencias.
El proceso de extorsión comenzaba con una llamada inesperada. La voz caricaturesca que caracterizaba a "Mickey Mouse" se transformaba rápidamente en un tono amenazador, exigiendo sumas exorbitantes de dinero. Si las víctimas no respondían a la presión inicial, Zavaleta intensificaba su ataque mediante amenazas a través de WhatsApp, enviando imágenes escalofriantes de explosivos para aumentar el miedo.
Para despistar a las autoridades, Zavaleta hacía creer que su operación se gestaba desde un penal, lo que le otorgaba una aura de intangibilidad. Sin embargo, su reinado del terror llegó a su fin tras medio año de actividad delictiva, cuando el Departamento de Investigación Criminal (Depincri) de Trujillo lo capturó en las inmediaciones de su hogar.
En su guarida, los agentes encontraron un arsenal inquietante que incluía seis municiones, una dinamita con mecha y fulminante, así como una carta extorsiva que evidenciaba su modus operandi. La policía, en un intento por conectar todas las piezas, le pidió que imitara la voz de Mickey Mouse en las instalaciones del Depincri Este.
Durante su confesión, Zavaleta no solo admitió su implicación en las llamadas extorsionadoras, sino que también dejó entrever que estas eran solo la punta del iceberg de un plan criminal mucho más elaborado. Ahora, el extorsionador enfrenta una prisión preventiva de seis meses mientras se lleva a cabo una investigación exhaustiva sobre los delitos de extorsión, tenencia ilegal de explosivos y municiones, y otros delitos que amenazan la seguridad pública.