
Momentos de pánico vivieron decenas de pasajeros del Metropolitano cuando se escucharon varios disparos a la altura de la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI), en la avenida Caquetá. El estruendo de las detonaciones provocó una reacción inmediata: los usuarios se lanzaron al suelo dentro y fuera del bus, intentando protegerse ante lo que parecía un ataque directo.
El incidente fue esclarecido poco después por la Autoridad de Transporte Urbano para Lima y Callao (ATU), que informó que los disparos fueron realizados por un efectivo policial como medida disuasiva para evitar el ingreso de delincuentes armados a la estación Parque del Trabajo. Afortunadamente, ninguna persona resultó herida, aunque el miedo y la confusión se apoderaron de la escena.
Este hecho pone nuevamente en evidencia la preocupante situación de inseguridad que se vive en la capital, especialmente en zonas cercanas a estaciones del Metropolitano y centros universitarios. La ola de criminalidad —marcada por asaltos, extorsiones y enfrentamientos armados— ha generado alarma entre los usuarios y trabajadores del sistema de transporte público.
Ante esta situación, gremios de transportistas han venido exigiendo mayor presencia policial y acciones concretas del gobierno. Tras un reciente paro, el Ejecutivo acordó intensificar el patrullaje en rutas conflictivas y reforzar las unidades de inteligencia. No obstante, los operadores siguen manifestando su escepticismo ante la falta de resultados tangibles.
José Montalvo, administrador de una empresa de transporte afectada, demandó mayor trabajo de inteligencia en zonas de riesgo y pidió investigar posibles vínculos entre agentes policiales y organizaciones criminales. "Se sabe dónde operan, pero no se actúa con firmeza", cuestionó en declaraciones a medios locales.
El temor sigue latente. Pasajeros y choferes claman por soluciones inmediatas que frenen la creciente violencia en el transporte público. El tiroteo en la estación cercana a la UNI no fue un ataque directo al Metropolitano, pero refleja una ciudad en alerta, donde cada disparo desencadena el mismo pánico: sobrevivir al día sin convertirse en víctima.