
Miles de fieles y líderes mundiales se congregaron en la Plaza de San Pedro para rendir homenaje al primer pontífice latinoamericano. Un funeral multitudinario selló el último adiós al papa que conquistó los corazones del mundo.
Roma amaneció blindada este sábado para dar el último adiós al papa Francisco, fallecido a los 88 años. Desde muy temprano, más de 200.000 personas y cerca de 164 delegaciones oficiales se congregaron en la Plaza de San Pedro, en una jornada histórica que quedará en la memoria colectiva.
La homilía, a cargo del cardenal Giovanni Battista Re, recordó al pontífice argentino como "un pastor entre la gente, con el corazón abierto a todos", dedicado incansablemente a los más pobres y marginados. "Instauró un contacto directo con las personas, deseoso de estar cerca de todos", destacó el decano del Colegio Cardenalicio durante la ceremonia, que duró aproximadamente una hora y media.
El féretro de Francisco, confeccionado en madera y zinc, fue sellado en una ceremonia privada, donde el cardenal camarlengo Kevin Farrell colocó monedas y medallas acuñadas durante su pontificado, junto al Rogito —el obituario oficial—, dentro del ataúd. Su rostro no volverá a ser visto, tras haber sido velado por más de 250.000 fieles entre miércoles y viernes, superando incluso la asistencia registrada durante el funeral de Benedicto XVI en 2022.
Uno de los detalles que marcó la jornada fue la ubicación privilegiada del presidente argentino Javier Milei, quien, como mandatario de la patria natal del pontífice, fue colocado en la primera fila, junto al presidente italiano Sergio Mattarella. Milei estuvo acompañado de otros líderes de América Latina, como Luiz Inácio Lula da Silva (Brasil) y Daniel Noboa (Ecuador), pero su presencia sobresalió como un símbolo del vínculo entre Francisco y su país de origen.
Asimismo, el expresidente estadounidense Donald Trump asistió al funeral y acaparó la atención de los medios internacionales. Trump, quien había manifestado en varias ocasiones su respeto por el papa Francisco, permaneció en un sector privilegiado de la Plaza de San Pedro durante toda la ceremonia, antes de retirarse cerca de las 10:30 de la mañana rumbo al aeropuerto romano de Fiumicino para regresar a Estados Unidos.
El operativo de seguridad fue descomunal: más de 4.000 agentes, sistemas antidrones, cazas Eurofighter sobrevolando el cielo de Roma y hasta un destructor de la Marina Militar Italiana frente a las costas de Fiumicino garantizaron la protección de los asistentes. Las calles adyacentes al Vaticano fueron cortadas al tránsito para permitir el paso del cortejo fúnebre y de las delegaciones oficiales.
La comunidad latinoamericana en Roma también despidió con profunda emoción al papa Francisco. Entre cánticos religiosos y rezos, miles de personas provenientes de Colombia, México, Venezuela, Guatemala y otros países rindieron homenaje a "su papa de los migrantes", destacando su legado de compasión, humildad y defensa de los más vulnerables.
Tras la misa, el féretro fue trasladado en procesión hasta la Basílica de Santa María la Mayor, donde descansarán los restos del pontífice. El papa Francisco había manifestado en vida su deseo de ser enterrado allí, en una muestra más de su sencillez y cercanía a la Virgen María, a quien siempre encomendó su pontificado.
Con la partida de Francisco, el Vaticano se prepara para abrir un nuevo capítulo en su historia: un futuro cónclave elegirá al próximo líder de la Iglesia Católica. Entre los cardenales electores estará Chibly Langlois, obispo de Les Cayes, en Haití, el primer cardenal haitiano nombrado por Francisco en el consistorio de 2014, un gesto que reflejó el espíritu inclusivo del pontífice argentino.