
El proyecto se desarrolla en el cruce con la Av. Las Torres, una zona de alto tránsito que hoy luce más congestionada que nunca.
Desde el inicio de las obras, el caos vehicular no ha dado tregua.
Emape anunció un plan de desvío para aliviar el impacto, pero en la práctica no ha sido suficiente.
Los conductores reportan demoras de hasta una hora en trayectos que antes tomaban diez minutos.
Vecinos y comerciantes también expresan su malestar: menos clientes, más ruido y un entorno colapsado.
“El tráfico es insoportable y no hay personal que oriente bien”, comentó un conductor afectado.
Las autoridades aseguran que el by pass mejorará la fluidez en la zona, pero el costo social ya se siente.
Ocho meses pueden ser eternos si no se toman medidas más efectivas.
Mientras tanto, la paciencia de los limeños vuelve a ponerse a prueba.
Y una vez más, la infraestructura urbana llega con promesas y con caos.