
El invierno llegó con crudeza a la Ciudad de Gosén, una zona alta y vulnerable del distrito de Villa María del Triunfo. Desde la madrugada del 20 de junio, los vecinos despertaron entre la densa neblina, una llovizna persistente y el frío que se cuela sin permiso por cada rincón de sus precarias viviendas.
Las casas, en su mayoría de madera, triplay y materiales reciclados, no resisten la humedad. A pesar de los esfuerzos por instalar canaletas improvisadas con botellas o latas, el agua se filtra sin control, mojando colchones, techos y pisos de tierra.
“Ya no sabemos qué más hacer. El agua entra por todas partes. Los niños amanecen con tos y no hay postas cercanas”, cuenta doña Rita, vecina del asentamiento. Como ella, cientos de familias sobreviven día a día en condiciones que se agravan con el avance del invierno limeño.
La zona de Ticlio Chico, donde se ubica Gosén, es conocida por su altitud y su exposición a los fenómenos del clima. Sin embargo, la falta de infraestructura, desagüe formal y viviendas adecuadas agrava los efectos naturales, convirtiendo cada temporada invernal en un verdadero calvario.
Además del frío, las calles de barro impiden la circulación de vehículos y personas. Los niños caminan entre charcos para llegar al colegio, mientras muchos adultos deben empujar carretillas por zonas resbalosas para trabajar o abastecerse.
Vecinos piden ayuda urgente a las autoridades. Requieren plásticos, calaminas, kits de abrigo y atención médica. Aunque el invierno recién comienza, en Gosén ya se vive una emergencia silenciosa que necesita visibilidad y acción inmediata.