
Finalmente, Estados Unidos intervino directamente en el conflicto militar entre Israel e Irán. En la noche del 21 de junio, las fuerzas estadounidenses desplegaron su llamada “Operación Martillo de Medianoche” con el objetivo de atacar tres instalaciones nucleares en territorio iraní. El despliegue incluyó 125 aviones de combate, 75 proyectiles y 14 bombas GBU-57, cada una con más de 13.000 kilos, capaces de perforar estructuras subterráneas antes de detonar.
Los blancos fueron las instalaciones de Fordow, Natanz e Isfahán, consideradas clave en el desarrollo del programa nuclear iraní. Según el general Dan Caine, jefe del Estado Mayor estadounidense, los ataques duraron menos de media hora, pero provocaron “daños y destrucción extremadamente graves”, aunque el diagnóstico final aún está en evaluación.
Dos horas después del operativo, el presidente Donald Trump apareció públicamente y calificó la ofensiva como un “éxito militar espectacular”, asegurando que las principales instalaciones nucleares de Irán habían sido “completamente destruidas”. Sin embargo, desde Teherán, el asesor del líder supremo iraní, Ali Shamkhani, negó tales afirmaciones y advirtió que “el juego no ha terminado”.
Las amenazas de represalia por parte de Irán no se hicieron esperar. Aunque aún no se han producido ataques directos, Irán advirtió que podría cerrar el estrecho de Ormuz, punto clave para el transporte mundial de petróleo. El ambiente se mantiene tenso y el mundo observa con preocupación las consecuencias que este nuevo episodio puede desencadenar.
La comunidad internacional ha reaccionado con una ola de condenas. El papa León XIV pidió detener la violencia y buscar salidas diplomáticas. Rusia, aliado de Irán, calificó el ataque como “una provocación sin precedentes”. La Organización de las Naciones Unidas también expresó su rechazo y convocó a una sesión urgente del Consejo de Seguridad.
Analistas internacionales coinciden en que esta es una de las decisiones más arriesgadas del segundo mandato de Trump. A pesar de que el expresidente estadounidense sostiene que busca “paz a través de la fuerza”, algunos congresistas republicanos criticaron la falta de coordinación con aliados europeos y la posibilidad de un conflicto regional de mayores proporciones.
“Todos deberían evacuar Teherán de inmediato”, había advertido Trump días antes del ataque, a través de su red Truth Social. El uso de bombas perforantes como las GBU-57 confirma que la operación fue planificada con tiempo y ejecutada con un objetivo estratégico: golpear el corazón del programa nuclear iraní. Las consecuencias diplomáticas y militares aún están por verse.