
Uno llevaba sombrero de paja, otro simulaba a un lagarto y el último se paseó con su copa de whisky — referencias que el público peruano no necesita que nadie le explique.
Bailaron, pelearon entre ellos, pararon el tráfico y protagonizaron más de una escena con los transeúntes y la prensa que cubría el debate.
Hasta el cierre de esta nota, nadie ha reclamado la autoría de la aparición ni explicado el motivo detrás de los personajes. En un año electoral con 36 candidatos y un electorado frustrado, los otorongos parecen 'tener vida propia'.