
La relación entre el Gobierno de Keiko Fujimori y la Cámara de Diputados empieza a calentarse. Juntos por el Perú (JP) ha impulsado una serie de interpelaciones contra integrantes del gabinete, una ofensiva de control político que ya genera cuestionamientos por producirse apenas durante las primeras semanas de la nueva administración.
JP cuenta con 32 diputados, suficientes para presentar por sí solo una moción de interpelación, pues se necesitan 20 firmas. Sin embargo, para que el ministro sea efectivamente citado ante el Pleno se requieren 44 votos, por lo que la bancada necesita sumar aliados.
En ese escenario aparece Partido Cívico Obras, que cuenta con 14 representantes. Si ambas agrupaciones votaran juntas, superarían el número requerido para aprobar una interpelación y obligar al ministro cuestionado a presentarse ante la Cámara de Diputados para responder un pliego de preguntas.
El panorama cambia cuando se habla de una censura ministerial. Para sacar a un ministro del cargo se requieren 66 votos y JP no los conseguiría únicamente con Obras y Ahora Nación. Para alcanzar esa cifra necesitaría además sumar al Partido del Buen Gobierno, convirtiendo a estas bancadas en piezas decisivas de cualquier intento por remover ministros.
La izquierda parte con la ventaja política del bloque de 74 votos que permitió ganar la Mesa Directiva, pero esa mayoría no significa que todas las agrupaciones acompañarán automáticamente cada interpelación o censura. De hecho, algunas bancadas aliadas ya han marcado distancia frente a medidas que consideran apresuradas.
Especialistas en derecho parlamentario advierten que una sucesión de interpelaciones sin suficiente sustento político podría alimentar nuevamente la imagen de un Congreso obstruccionista, comparación que inevitablemente recuerda al enfrentamiento entre Fuerza Popular y el gobierno de Pedro Pablo Kuczynski entre 2016 y 2019.
El verdadero pulso recién comienza. Interpelar ministros será relativamente sencillo si JP conserva algunos aliados; censurarlos será mucho más difícil. La gran pregunta es si el bloque que conquistó la Mesa Directiva mantendrá sus 74 votos unido frente al Ejecutivo o si las bancadas bisagra terminarán frenando una confrontación temprana con el Gobierno.