
Estados Unidos vuelve a detenerse este 11 de septiembre para recordar una de las jornadas más dolorosas de su historia. Han pasado exactamente 25 años de los atentados terroristas de 2001, cuando cuatro aviones comerciales fueron secuestrados por miembros de Al Qaeda y utilizados para atacar distintos puntos del país.
La ceremonia principal se desarrolla en la denominada Zona Cero de Nueva York, donde familiares de las víctimas participan en la tradicional lectura de los nombres de quienes murieron en los ataques contra las Torres Gemelas y en el atentado de 1993 contra el World Trade Center.
A las 8:46 de la mañana, hora exacta en que el primer avión impactó contra la Torre Norte, se realizó uno de los momentos de silencio. Este año se programaron siete pausas solemnes para recordar los impactos, el derrumbe de las torres, el ataque contra el Pentágono y la caída del vuelo 93 en Pensilvania.
La conmemoración también incluye por primera vez un momento especial dedicado a las personas que murieron años después debido a enfermedades relacionadas con la exposición a sustancias tóxicas durante las labores de rescate y recuperación posteriores al 11-S.
La Casa Blanca dispuso que las banderas estadounidenses permanezcan a media asta en memoria de las 2.977 personas que perdieron la vida directamente en los ataques de 2001. Ceremonias similares se realizan en el Pentágono y en el Memorial del Vuelo 93, en Shanksville, Pensilvania.
En Nueva York, uno de los momentos más representativos llegará durante la noche con el tradicional “Tribute in Light”, cuando dos enormes columnas de luz se proyecten hacia el cielo desde el Bajo Manhattan para representar simbólicamente las desaparecidas Torres Gemelas.
Los ataques del 11 de septiembre no solo dejaron miles de víctimas. También transformaron profundamente la seguridad aeroportuaria, la política exterior de Estados Unidos y la lucha internacional contra el terrorismo, desencadenando guerras y cambios que marcaron las siguientes décadas.
Un cuarto de siglo después, Estados Unidos vuelve a recordar aquella mañana con flores, vigilias, campanas y silencios. Para millones de estadounidenses que vivieron los atentados, la fecha continúa siendo una herida abierta; mientras que para una nueva generación nacida después de 2001, el desafío es mantener viva la memoria de un acontecimiento que cambió para siempre a Estados Unidos y al mundo.